Sábado, 27 junio 2026

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POLÍMEROS

Producción, comercio, consumo y gestión del residuo plástico

Un estudio revela la elevada concentración geográfica de la cadena mundial del plástico

Redacción P&C

25 de junio de 2026

Un equipo de científicos, profesores e ingenieros ambientales especializados en la gestión de residuos sólidos y la economía circular de la Universidad de Pekín, han analizado por primera vez el flujo comercial de polímeros a nivel global. 

Basándose en datos consolidados de 2022, el estudio Complexities of the global plastics supply chain revealed in a trade-linked material flow analysis explica que el comercio mundial de plásticos alcanzó 436,66 millones de toneladas, una cifra que incluye materias primas, aditivos, polímeros primarios, productos intermedios, artículos finales y residuos. El trabajo sitúa la producción mundial de plásticos en 400 millones de toneladas en 2022. De ese volumen, 362 millones correspondieron a resinas vírgenes y alrededor de 38 millones a plásticos secundarios procedentes del reciclaje mecánico. 

La dependencia de los recursos fósiles sigue siendo dominante. El 98% de los plásticos vírgenes se produjo a partir de materias primas fósiles, con una contribución del carbón del 44%, del petróleo del 40% y del gas natural del 8%. Las fuentes biobasadas apenas representaron el 2%. 

El informe describe una cadena de suministro con una lógica geográfica muy marcada. Las materias primas se concentran en países y regiones con abundancia de recursos petroleros y capacidad petroquímica, mientras que el procesado y la fabricación se agrupan en economías con gran músculo industrial. 

China aparece como el mayor productor mundial, con el 32% del total, seguida de otras economías asiáticas, Estados Unidos y la UE28. 

En consumo, China también lidera con el 20%, por delante de Estados Unidos, con el 18%, y la UE28, con el 16%. 

La fotografía por aplicaciones confirma el peso estructural del envase. De los 382,12 millones de toneladas de plásticos que entraron en fase de uso, 158,04 millones se destinaron a packaging. Le siguieron construcción, con 72,05 millones; automoción, con 32,02 millones; electricidad y electrónica, con 28,02 millones; hogar y textil, con 28,01 millones; agricultura, con 16,01 millones, y otros usos, con 48,03 millones. Esta distribución condiciona tanto la demanda de polímeros como las estrategias de diseño, reciclabilidad y gestión posconsumo. 

En el comercio por etapas, los productos plásticos finales fueron la categoría de mayor volumen, con 111 millones de toneladas. China concentró el 45% de esas exportaciones, seguida por otras economías asiáticas y la UE28. 

En polímeros primarios, el comercio alcanzó 152 millones de toneladas, con un fuerte protagonismo de Asia, Europa y Estados Unidos. También se comerciaron 71 millones de toneladas de materias primas y 30 millones de toneladas de aditivos, lo que subraya la profundidad internacional de la cadena antes incluso de llegar al producto acabado. 

El final de vida muestra, sin embargo, los límites de la circularidad actual. En 2022 se generaron 267,68 millones de toneladas de residuos plásticos. De ellas, 74,75 millones fueron clasificadas y recogidas para reciclaje mecánico, pero solo 37,96 millones acabaron reciclándose, equivalentes al 9% de la producción primaria. El vertedero siguió siendo el principal destino, con 103,10 millones de toneladas, mientras que la incineración alcanzó 89,99 millones. Otros 29,60 millones de toneladas fueron gestionados de forma inadecuada. 

El estudio también detecta un cambio en el comercio de residuos. En 2022 se intercambiaron 6,66 millones de toneladas de residuos plásticos, con la UE28 como actor central: exportó el 49% e importó más del 52% del total mundial, convirtiéndose en importador neto. Esta evolución se produce tras la prohibición china a las importaciones de residuos plásticos en 2018, que alteró de forma sustancial los flujos globales. 

Para los autores del estudio, la mejora de la gestión del plástico exige actuar sobre varias palancas: reducir flujos innecesarios, impulsar el ecodiseño, facilitar el reciclaje, aumentar la eficiencia de recursos y avanzar hacia materias primas recicladas o biogénicas. Además, los elevados costes de transporte podrían favorecer que el comercio futuro de residuos plásticos se concentre más dentro de grupos comerciales cercanos geográficamente.

La escala global seguirá siendo decisiva, pero la competitividad futura dependerá cada vez más de la capacidad para cerrar el ciclo del material.