SALA DE PRENSA
Redacción P&C
25 de julio de 2026
Los estudios sobre proyectos europeos de simbiosis industrial citados por SINTAC apuntan a reducciones de costes operativos superiores al 10%.
La simbiosis industrial se basa en la colaboración entre empresas para que los residuos, subproductos, agua o energía generados por una industria puedan utilizarse como recurso en otra. El planteamiento permite convertir determinados costes de gestión en materias primas, energía aprovechable o incluso nuevas fuentes de ingresos. Aunque está estrechamente relacionada con la economía circular, ambos conceptos no son equivalentes.
La economía circular plantea, de forma general, mantener los materiales en uso durante el mayor tiempo posible y evitar su conversión en residuos. La simbiosis industrial constituye una de las herramientas para trasladar ese principio a operaciones concretas entre compañías, mediante intercambios que requieren acuerdos, plazos y trazabilidad.
Frente al modelo lineal basado en extraer, producir, utilizar y desechar, este enfoque busca mantener los recursos dentro del ciclo productivo. En España, esta lógica también está presente en la jerarquía de gestión de residuos, que establece como prioridades la prevención, la preparación para la reutilización, el reciclaje y la valorización, dejando la eliminación en vertedero como última alternativa.
Uno de los ejemplos de referencia en Europa es el polígono industrial de Kalundborg, en Dinamarca, donde desde la década de 1970 distintas instalaciones industriales, entre ellas una refinería, una planta farmacéutica y una fábrica de yeso, intercambian vapor, agua y subproductos. Sin embargo, este tipo de colaboración no requiere necesariamente grandes redes industriales y puede desarrollarse también entre dos empresas próximas dentro de un mismo polígono.
Los materiales y residuos sólidos constituyen uno de los principales ámbitos de aplicación. Cenizas, lodos, residuos de biomasa o residuos plásticos pueden convertirse en materias primas secundarias para otras actividades una vez realizado el tratamiento adecuado. En el sector del plástico, un ejemplo habitual es el aprovechamiento de sobrantes procedentes de la fabricación de envases o piezas técnicas. En lugar de gestionarlos como desecho, estos materiales pueden clasificarse, recuperarse y transformarse en granza reciclada para su reincorporación a un nuevo proceso productivo, incluso en una industria distinta de aquella que generó originalmente el residuo. La simbiosis industrial también puede abarcar agua y energía.
El vapor excedente de una planta puede emplearse para calentar instalaciones cercanas, mientras que determinadas aguas de proceso o refrigeración pueden reutilizarse en otras actividades, reduciendo nuevas captaciones de recursos naturales. Este tipo de intercambio puede mejorar la eficiencia conjunta de varias compañías ubicadas en un mismo entorno industrial y disminuir las emisiones asociadas a la producción individual de energía o al consumo de agua.
Impacto económico y ambiental.
Entre los efectos económicos más directos figura la posibilidad de sustituir materias primas vírgenes por subproductos procedentes de otras empresas. De esta forma se reducen tanto los costes de aprovisionamiento como los asociados a la gestión de determinados residuos. Los estudios sobre proyectos europeos de simbiosis industrial citados por SINTAC apuntan a reducciones de costes operativos superiores al 10% y a descensos de entre un 15% y un 20% en los residuos generados, en función del sector y del grado de madurez de cada iniciativa.
A estos efectos económicos se suman la reducción del consumo de recursos naturales, de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la presión sobre los vertederos. Su aplicación puede relacionarse además con el diseño de productos pensado desde el inicio para facilitar que los materiales puedan recuperarse posteriormente. El modelo también puede generar actividad vinculada a la logística, el tratamiento de subproductos y el mantenimiento de infraestructuras compartidas, favoreciendo la creación de empleo local y la cooperación entre compañías de un mismo territorio.
Además de Kalundborg, en España existen iniciativas destinadas a identificar estas oportunidades. En la Comunitat Valenciana, el Observatorio de Simbiosis Industrial y su plataforma digital asociada facilitan la detección de posibles colaboraciones entre empresas. En otras comunidades se desarrollan proyectos para aprovechar residuos agrícolas, ganaderos o pesqueros en la producción de biofertilizantes, así como subproductos de la industria alimentaria con fines energéticos.
Identificar los flujos antes de buscar sinergias
Poner en marcha un proyecto de simbiosis industrial requiere comenzar por el análisis de los propios procesos. La empresa debe identificar qué materias primas utiliza y qué residuos, subproductos, calor o agua genera, además de cuantificar esos flujos. A partir de este inventario pueden buscarse posibles conexiones con otras compañías del mismo polígono, clúster sectorial o entorno próximo. Cámaras de comercio, asociaciones empresariales y centros tecnológicos pueden actuar como facilitadores para localizar estas oportunidades.
Antes de formalizar un intercambio resulta necesario comprobar la compatibilidad técnica del material, analizar su consideración legal como residuo o subproducto y determinar la viabilidad económica de la operación, incluyendo las inversiones necesarias, el reparto de costes e ingresos y el plazo estimado de retorno. Cuando la colaboración resulta viable, los contratos deben establecer las condiciones de suministro, la calidad requerida y la trazabilidad de los recursos intercambiados.
Posteriormente, la medición de variables como el ahorro de materias primas, la reducción de residuos o las emisiones evitadas permite evaluar los resultados y justificar nuevas inversiones. Entre las principales barreras se encuentran precisamente la compatibilidad técnica de los materiales, que puede exigir tratamientos adicionales, y la falta de confianza entre empresas. También resulta relevante disponer de herramientas digitales que permitan identificar de forma sistemática posibles sinergias, especialmente cuando los volúmenes gestionados son elevados y se requiere una trazabilidad clara. En el ámbito de los plásticos industriales, SINTAC aplica esta lógica mediante la transformación de residuos plásticos en materia prima reciclada.
La compañía cuenta con más de 35 años de actividad en este punto de la cadena, recuperando materiales para que puedan volver a incorporarse a procesos productivos con la trazabilidad necesaria. Se trata, en la práctica, de trasladar los principios de la simbiosis industrial a la gestión y valorización del residuo plástico.