ENVASES Y EMBALAJES
Redacción P&C
13 de julio de 2026
Códigos imperceptibles impresos en el envase que las cámaras de las líneas de clasificación pueden leer.
Bélgica será el primer país europeo en lanzar un ensayo a gran escala para reciclar envases alimentarios flexibles procedentes de la recogida doméstica y transformarlos de nuevo en envases de uso alimentario. El proyecto, coordinado por FOST PLUS (organismo que gestiona el reciclaje de envases domésticos en el país), cuenta con la participación de MONDELĒZ INTERNATIONAL, FERRERO, PEPSICO y PLADIS. El ensayo se centra en el polipropileno flexible. Los envases de PP flexible para snacks y alimentación se están imprimiendo con una marca de agua digital y distribuyéndose en el mercado belga a través de los canales habituales, de modo que las pruebas se realizan con residuo real, no con muestras.
Hasta la fecha, solo el PET reciclado procedente de botellas de bebidas o bandejas puede reincorporarse a envases alimentarios mediante reciclado mecánico convencional. "La razón es que al menos el 95% de los envases de PET clasificados de la bolsa PMD son también de origen alimentario, por lo que el plástico reciclado que se obtiene de ellos es igualmente seguro para alimentos", señala Gendebien. Para el film flexible, la barrera ha sido tecnológica, ya que los sistemas actuales de clasificación no pueden distinguir el envase flexible alimentario del no alimentario, lo que deja sin vía autorizada la reincorporación del polipropileno flexible reciclado a envases de alimentación.
Se trata de códigos imperceptibles impresos en el envase que las cámaras de las líneas de clasificación pueden leer. "Es similar a un código QR, invisible a simple vista, que contiene información sobre lo que el envase contuvo. Cuando un envase llega a un centro de clasificación a través de la bolsa PMD, las cámaras de la línea pueden leer ese código y enviarlo automáticamente al flujo de residuos correcto", explica Philippe Gendebien, Business Innovation Manager de FOST PLUS. La tecnología añade así un paso adicional a los 16 flujos de materiales que ya se clasifican en Bélgica, como es la distinción entre envase alimentario y no alimentario.
El ensayo se desarrolla dentro del programa europeo HolyGrail 2030 – Circular Packaging Consortium, que agrupa a unas 75 empresas y organizaciones locales, europeas y globales bajo la AIM (European Brands Association). En Bélgica, las pruebas de clasificación están dirigidas por FOST PLUS, y las balas de film clasificado se envían al centro de la alemana HÜNDGEN ENTSORGUNG en Swisttal (Alemania), equipado con cámaras de alta resolución capaces de leer las marcas de agua gracias a la tecnología desarrollada por DIGIMARC y PELLENC ST. La demostración belga con PP flexible alimentario tiene su paralelo en Alemania, donde el programa prevé un ensayo equivalente con PP rígido de uso alimentario.
Gendebien subraya que el ensayo se realiza en condiciones reales: "No estamos probando la tecnología en un laboratorio, sino con envases que los consumidores realmente usan y desechan. Es la única forma de saber si funciona también en el mundo real, donde los envases pueden estar arrugados, dañados o sucios". A partir del cuarto trimestre de 2026, el flujo de polipropileno alimentario clasificado se someterá a pruebas con varias tecnologías de reciclado avanzado, la fase que debe demostrar que el material resultante alcanza el grado alimentario. Si los resultados acompañan, el film flexible (uno de los segmentos con menor circularidad efectiva del envase plástico) dispondría por primera vez de una ruta técnica verificada hacia el contacto alimentario, con implicaciones directas para convertidores y marcas obligadas a cumplir los umbrales del PPWR.