COYUNTURA
Redacción P&C
5 de octubre de 2026

Francia e Italia preparan solicitudes para pedir a la Comisión Europea la apertura de investigaciones de salvaguardia sobre determinados productos químicos y plásticos, entre ellos el PET. Alemania podría sumarse a la iniciativa, que pretende responder al aumento de las importaciones y al deterioro de la competitividad de la industria química europea.
Una salvaguardia no necesita demostrar que un determinado país está vendiendo por debajo de un valor considerado justo ni que existen subvenciones ilegales. La legislación europea permite utilizarla cuando un aumento significativo de las importaciones causa o amenaza con causar un perjuicio grave a la industria comunitaria. Además, las medidas se aplican en principio a las importaciones de todos los orígenes, no únicamente al país investigado, y tienen carácter temporal. La Comisión define las salvaguardias como un mecanismo destinado a dar a la industria europea un periodo de adaptación ante un incremento sustancial de la competencia importada.
Ese carácter general convertiría un eventual expediente sobre PET en algo distinto de los derechos antidumping que la Unión ya mantiene sobre determinadas importaciones. El PET originario de China está actualmente sujeto a medidas antidumping comunitarias cuya expiración está prevista en abril de 2029. Una salvaguardia respondería al volumen global que entra en la UE y al daño que ese aumento pudiera estar causando a la producción europea, con independencia de que cada origen incurra o no en dumping.
Del desvío comercial al exceso de capacidad
La iniciativa aparece en un momento en el que Bruselas está reforzando su vigilancia sobre las importaciones. La Comisión creó en 2025 un mecanismo para detectar posibles desvíos de comercio hacia Europa después de que el endurecimiento arancelario en grandes mercados, especialmente Estados Unidos, pudiera redirigir mercancías hacia la UE.
En julio de este año transformó ese sistema en un barómetro de importaciones más orientado a identificar aumentos persistentes de las compras exteriores y sus efectos sobre la producción industrial europea. La preocupación inicial por los desvíos provocados por nuevas barreras comerciales ha ido dando paso al impacto más persistente del exceso de capacidad industrial mundial y del crecimiento sostenido de determinadas importaciones.
La química figura entre los sectores más expuestos. El Plan de Acción para la Industria Química presentado por la Comisión identifica entre sus principales problemas los elevados costes energéticos, la debilidad de la demanda y la competencia internacional, y contempla un mayor uso de instrumentos de defensa comercial cuando resulte necesario.
El movimiento tiene también una dimensión geopolítica. La industria europea afronta simultáneamente mayores costes de producción, un crecimiento de la capacidad asiática y mercados internacionales sometidos a un número creciente de barreras comerciales. Parte de la oferta que encuentra más dificultades para acceder a otros destinos puede aumentar su presión sobre Europa, que continúa siendo uno de los grandes mercados internacionales para productos químicos y plásticos.
España ya nota el cambio de proveedores
P&C analizó en mayo que las importaciones españolas de PET aumentaron en 2025, tanto en los grados de alta como de baja viscosidad, mientras se producía una reorganización de los países suministradores. La presión arancelaria europea sobre China favoreció entonces la aparición de nuevos flujos procedentes de Oriente Medio y África.
La tendencia ha seguido evolucionando durante 2026. En el primer trimestre, las importaciones españolas mostraron una nueva reconfiguración. China duplicó sus envíos de PET de baja viscosidad a España, mientras Oriente Medio ganó peso en los grados de mayor viscosidad. El resultado es un mercado español cada vez más conectado con proveedores extracomunitarios y, por tanto, especialmente sensible a cualquier modificación de la política comercial europea.
El fenómeno forma parte de un cambio más amplio. P&C señaló también este año que Europa ha pasado de disponer de una posición productora dominante a convertirse en importador neto de PET, pese a mantener una importante capacidad industrial. La entrada de producto extracomunitario a precios competitivos se ha convertido en uno de los elementos que condicionan la utilización de las plantas europeas y las negociaciones en el mercado. Una eventual salvaguardia podría alterar ese equilibrio.
Para los productores comunitarios supondría limitar la presión ejercida por el crecimiento de las importaciones. Para los transformadores y compradores españoles, unas cuotas o gravámenes adicionales podrían reducir determinadas alternativas de suministro y modificar la relación de precios entre material europeo e importado. El resultado dependería del diseño concreto de cualquier medida, de los volúmenes que pudieran entrar sin penalización y de los países y productos finalmente incluidos.
La Comisión debe valorar además los efectos de una salvaguardia sobre el conjunto de la cadena industrial. El instrumento no persigue sancionar una práctica comercial desleal, sino limitar temporalmente un aumento de las importaciones que esté causando un perjuicio grave, lo que obliga a evaluar también sus consecuencias para usuarios y compradores del material.
Un instrumento poco utilizado
Bruselas ha recurrido históricamente con mucha mayor frecuencia a medidas antidumping y antisubvención que a salvaguardias. Precisamente por eso resulta significativo que varios Estados miembros estén planteando ahora esta posibilidad para productos químicos y plásticos.
La Comisión ha ido reforzando durante los últimos meses sus instrumentos de seguimiento de las importaciones y ha pedido a las empresas europeas que aporten información sobre productos y sectores afectados por incrementos persistentes de las compras exteriores. El objetivo declarado es identificar con mayor rapidez situaciones que puedan requerir medidas de protección.
Una eventual investigación sobre el PET llevaría esa evolución un paso más allá. El análisis ya no se limitaría a determinar si las exportaciones de un país concreto se realizan en condiciones de dumping, sino a establecer si el crecimiento agregado de las importaciones está causando un perjuicio suficientemente grave como para justificar restricciones temporales.
Para España, donde el mapa de abastecimiento del PET se ha diversificado con rapidez hacia proveedores extracomunitarios, cualquier cambio de este tipo tendría consecuencias tanto sobre la oferta disponible como sobre los precios.