Otra investigación demuestra la presencia de nanoplásticos en el aire

PLASTURGIA SOSTENIBLE, 28-02-22

PLASTURGIA SOSTENIBLE, 28-02-22 | Algunos nanoplásticos son capaces de viajar más de 2.000 kilómetros por el aire. Así lo ha demostrado un nuevo estudio que ha cifrado en 43 billones de partículas la cantidad de nanoplásticos que caen en Suiza cada año desde la atmósfera. La investigación realizada por el Laboratorio de Ciencia de Materiales de Suiza, la Universidad de Utrecht y el Instituto Central de Meteorología y Geofísica de Austria ha estimado que, cada año, 3.000 Tms. de nanoplásticos cubren Suiza, desde los Alpes hasta zonas urbanas.
 
Esta nueva investigación sobre la presencia de nanoplásticos en el aire ha arrojado resultados aún más preocupantes que anteriores estudios. Se trata de un fenómeno descubierto hace poco tiempo y todavía son pocas las investigaciones que existen sobre el problema. La propagación de nanoplásticos a través del aire está comenzando a ser explorada, pero con cada nueva investigación la magnitud de los resultados parece ir aumentado.
 
Para la realización del estudio, los científicos han desarrollado un método de análisis químico que determina la contaminación de las muestras mediante un espectómetro de masas. Según Dominik Brunner, uno de los investigadores, su investigación ha conseguido “el registro más preciso jamás realizado sobre la contaminación por nanoplásticos en el aire”. Estudiaron un área pequeña a una altitud de 3.106 metros sobre el nivel del mar, en el Parque Nacional Hohe Tauern de Austria, donde el Instituto Central de Meteorología y Geodinámica tiene ubicada una estación meteorológica desde 1886 que sirvió como base para el estudio sobre la propagación de nanoplásticos en áreas remotas.
 
Todos los días, y en todas las condiciones climáticas, los científicos retiraron una parte de la capa superior de nieve alrededor de un marcador a las 8 a.m. y la almacenaron cuidadosamente. La contaminación de las muestras por nanoplásticos en el aire o en la ropa de los científicos fue un desafío particular. Según explican los autores del estudio, en el laboratorio, los investigadores tenían a veces que permanecer inmóviles cuando un colega manipulaba una muestra abierta.
 
El origen de las diminutas partículas se rastreó con la ayuda de datos meteorológicos y eólicos europeos. Los investigadores pudieron demostrar que la mayor emisión de nanoplásticos a la atmósfera ocurre en áreas urbanas densamente pobladas. Alrededor del 30% de las partículas nanoplásticas medidas en la cima de la montaña se originan en un radio de 200 kilómetros, principalmente en ciudades. Sin embargo, los plásticos de los océanos también parecen estar llegando al aire a través del rocío de las olas. Alrededor del 10% de las partículas medidas en el estudio fueron arrastradas a la montaña por el viento y el clima a lo largo de 2.000 kilómetros, algunas de ellas desde el Atlántico.
 
Se estima que hasta la fecha se han producido más de 8.300 millones de Tms. de plástico en todo el mundo, de las cuales alrededor del 60 % son ahora residuos. Estos desechos se erosionan a través de los efectos de la intemperie y la abrasión mecánica de macropartículas a micropartículas y nanopartículas. Pero el plástico desechado no es la única fuente. El uso diario de productos plásticos, como envases y ropa, libera también nanoplásticos. Las partículas en este rango de tamaño son tan ligeras que su movimiento en el aire puede compararse con el de los gases.
 
Otro estudio realizado en EE.UU. y publicado en 2020 demostró la presencia de estos fragmentos plásticos en muestras de deposiciones atmosféricas recogidas durante 14 meses en distintas áreas silvestres del país y 11 parques nacionales. “Aproximadamente, el 4% de las partículas atmosféricas analizadas en estos lugares remotos eran polímeros sintéticos”, explica la autora del estudio, Janice Brahney. Los investigadores se sorprendieron por las tasas de deposición de microplásticos registradas. La deposición de partículas en seco se asoció con patrones atmosféricos a gran escala, lo que hace pensar que este tipo de microplásticos son lo suficientemente pequeños como para ser arrastrados a la atmósfera para el transporte intercontinental. La mayor parte de los residuos detectados eran microfibras procedentes de productos textiles y materiales industriales. El 30% de las partículas eran microperlas de colores brillantes desprendidas de pinturas, recubrimientos o esmaltes industriales. Incluso aparecieron fragmentos de piezas de plástico más grandes, con orígenes muy diversos. En total, los resultados permitieron estimar que cada año se depositan más de 1.000 Tms. de microplásticos en los espacios naturales protegidos de Estados Unidos. Esta cifra equivale a más de 123 millones de botellas de agua. “Estos cálculos son conservadores ya que no se tuvieron en cuenta las partículas claras y de color blanco por cuestiones metodológicas. Las consecuencias para la salud humana son desconocidas”, explicó Brahney.
 
En la nueva investigación realizada en los Alpes austríacos no solo se han encontrado nanoplásticos. Hay todo tipo de otras partículas diminutas. Desde arena del Sáhara hasta restos de pastillas de freno. Todavía no está claro si este tipo de contaminación del aire representa una amenaza potencial para la salud de los humanos. Las nanopartículas, a diferencia de las micropartículas, no acaban simplemente en el estómago. Son absorbidas por los pulmones a través de la respiración y su tamaño les permite cruzar la barrera de sangre celular y entrar en el torrente sanguíneo humano. Queda por investigar si esto es dañino o peligroso.
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