COYUNTURA
Redacción P&C
16 de septiembre de 2026
Plastics Recyclers Europe (PRE), FEAD y Recycling Europe han pedido a la Comisión Europea que las normas de desarrollo del reglamento incorporen una preferencia explícita por el plástico reciclado “Made in Europe” y refuercen los controles sobre el material procedente de terceros países.
La propuesta llega mientras Bruselas ultima uno de los elementos todavía pendientes del PPWR: las reglas que determinarán cómo se calcula y verifica el contenido reciclado y en qué condiciones podrá contabilizarse el plástico recogido o reciclado fuera de la Unión.
La Comisión abrió el pasado 14 de agosto tres consultas relacionadas con estas materias. El plazo para remitir observaciones finaliza este 16 de septiembre y la adopción de las correspondientes normas está prevista para el cuarto trimestre de 2026.
La propuesta de los recicladores va más allá de exigir equivalencia ambiental a las importaciones. Para los envases fabricados o llenados dentro de Europa, las tres organizaciones quieren que los porcentajes obligatorios de contenido reciclado establecidos por el PPWR se cumplan con plástico procedente de residuos posconsumo recogidos y reciclados en Europa, ámbito en el que incluyen los Estados miembros de la UE, los países de la EFTA y Reino Unido.
El objetivo sería garantizar que el incremento obligatorio de la utilización de reciclado previsto por la regulación genere demanda para la capacidad instalada europea.
Para los envases fabricados y llenados fuera de Europa y posteriormente comercializados en el mercado comunitario, las organizaciones admiten el empleo de reciclado extracomunitario, pero reclaman que únicamente pueda contabilizarse cuando se demuestre que cumple requisitos equivalentes a los aplicables en Europa.
Su propuesta plantea una doble comprobación. Por un lado, la Comisión debería determinar qué países disponen de sistemas de gestión ambiental y economía circular suficientemente equivalentes a los europeos. Por otro, cada planta recicladora situada en esos países tendría que someterse a una certificación independiente, renovada anualmente, que acreditara el cumplimiento de requisitos ambientales, operativos y de trazabilidad.
También reclaman procedimientos armonizados de verificación, controles efectivos sobre las importaciones y mecanismos que permitan conocer el origen del residuo posconsumo y del plástico reciclado a lo largo de toda la cadena.
Una decisión clave para los objetivos de 2030
El debate afecta directamente a una de las principales obligaciones del PPWR. El artículo 7 establece para 2030 contenidos mínimos de plástico reciclado posconsumo del 30% en las botellas de bebidas de un solo uso, del 30% en determinados envases PET sensibles al contacto, del 10% en otros envases sensibles al contacto y del 35% en el resto de envases plásticos afectados.
El reglamento permite que para alcanzar estos porcentajes se utilice material procedente de terceros países, siempre que su recogida y reciclaje se hayan realizado bajo condiciones equivalentes a las establecidas por la legislación europea. Antes del 31 de diciembre de 2026, la Comisión deberá concretar precisamente la metodología para evaluar, verificar y certificar esa equivalencia, incluida la posibilidad de recurrir a auditorías independientes.
Las organizaciones europeas consideran insuficiente limitarse a esa equivalencia cuando el envase se fabrica o llena dentro de Europa y reclaman que, en esos casos, los objetivos sirvan prioritariamente para crear mercado para el reciclado producido en el continente.
Un precedente en las botellas
La industria cuenta además con un precedente reciente. La Decisión de Ejecución (UE) 2026/1425, aprobada en junio para desarrollar las obligaciones de contenido reciclado de las botellas de bebidas de la Directiva sobre Plásticos de un Solo Uso, establece inicialmente que el plástico computable como reciclado debe haber sido producido en la Unión.
A partir del 21 de noviembre de 2027 podrán incorporarse también materiales reciclados en determinados terceros países, incluidos países de la OCDE que cumplan las condiciones establecidas para una gestión ambientalmente adecuada de los residuos. PRE, FEAD y Recycling Europe quieren que esta prioridad concedida inicialmente al reciclado europeo se extienda de manera permanente al desarrollo del PPWR.
España reclama igualmente trazabilidad y mercado
Las reivindicaciones coinciden con varias de las prioridades planteadas durante los últimos meses por la industria española del reciclado.
La Asociación Nacional de Recicladores de Plástico (ANARPLA) situó en mayo entre los ejes de su Estrategia del Sector del Reciclado de Plásticos 2026-2030 la generación de una demanda estructural y estable de material reciclado, una mayor trazabilidad y la igualdad de condiciones frente a las importaciones.
La organización cifra la infraestructura española en más de 180 plantas y cerca de 2,4 millones de toneladas anuales de capacidad instalada.
Durante la presentación de la estrategia, representantes de empresas españolas advirtieron de la competencia procedente de materiales importados cuya trazabilidad consideran insuficiente y reclamaron instrumentos capaces de sostener la demanda de reciclado frente a unos polímeros vírgenes actualmente competitivos en precio.
La directora general de Calidad y Evaluación Ambiental del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Marta Gómez Palenque, destacó asimismo el trabajo desarrollado para mejorar la trazabilidad y garantizar que el material reciclado importado cumpla estándares ambientales, sanitarios y de calidad equivalentes a los europeos.
También la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER) ha respaldado la promoción de materiales reciclados “Made in Europe” y reclama incentivos mediante herramientas como la contratación pública verde y el ecodiseño.