INVESTIGACIÓN, DESARROLLO E INNOVACIÓN
Redacción P&C
17 de mayo de 2026
Un nuevo estudio describe el desarrollo de una película acrílica nanostructurada capaz de eliminar virus por contacto prescindiendo de desinfectantes químicos. El material, basado en un polímero acrílico de la familia del polimetilmetacrilato (PMMA), incorpora una superficie cubierta por nanopilares (estructuras de dimensiones inferiores a 100 nanómetros) que interactúan directamente con las partículas virales. Según los resultados experimentales, estas nanoestructuras “sujetan y estiran” la envoltura del virus hasta provocar su rotura e inactivación.
Las pruebas se realizaron con el virus de la parainfluenza humana tipo 3 (hPIV-3). En condiciones de laboratorio, las superficies con mayor densidad de nanopilares lograron reducir la infectividad viral hasta en un 94% en una hora.
El comportamiento del material está directamente condicionado por la geometría de la nanoestructura. El estudio identifica la distancia entre pilares (en torno a 60 nanómetros en los casos más eficaces) como el factor determinante para generar tensiones mecánicas superiores al umbral de rotura de la envoltura viral, estimado en unos 10 MPa. A medida que aumenta esta separación, la eficacia disminuye hasta desaparecer en configuraciones menos densas.
Más allá del resultado experimental, uno de los aspectos relevantes desde el punto de vista industrial es la escalabilidad del proceso. Los investigadores han empleado técnicas de nanoimpresión por ultravioleta (UV nanoimprint lithography) sobre moldes de óxido de aluminio anodizado, lo que permite fabricar estas superficies de forma continua en sustratos flexibles. Este enfoque abre la puerta a su integración en aplicaciones de gran volumen, desde films hasta recubrimientos.
El interés radica en su carácter no químico. Las soluciones antivirales actuales en superficies suelen basarse en la liberación de agentes activos (como nanopartículas metálicas, compuestos de amonio cuaternario o biopolímeros) que pueden presentar limitaciones en términos de citotoxicidad, impacto ambiental o pérdida de eficacia con el tiempo. Frente a ello, la estrategia mecano-virucida elimina la dependencia de sustancias que se degradan o lixivian. Este enfoque conecta con una tendencia más amplia en el desarrollo de materiales funcionales dentro del sector del plástico, donde la incorporación de propiedades activas (antimicrobianas, barrera, autorreparación) está ganando peso en aplicaciones de alto valor añadido. En particular, los polímeros acrílicos ofrecen ventajas como su transparencia, resistencia mecánica, estabilidad química y compatibilidad con múltiples procesos industriales.
El potencial de aplicación es amplio. El propio estudio apunta a su uso en superficies de alto contacto, entornos sanitarios, dispositivos electrónicos, envases alimentarios o incluso soluciones sustitutivas del vidrio. En todos estos casos, la capacidad de reducir la carga viral sin intervención adicional podría suponer una mejora en protocolos de higiene y mantenimiento.
Durante la pandemia de COVID-19, el consumo de plásticos (especialmente de un solo uso) se incrementó de forma significativa, impulsado por su papel en equipos de protección, envase y prevención de contagios. Los polímeros son un material clave en control de infecciones. Soluciones como las superficies nanostructuradas podrían aportar una vía intermedia, manteniendo las prestaciones higiénicas sin depender de consumibles ni aditivos químicos. A corto plazo, este nuevo desarrollo aporta una base técnica para el diseño de nuevas generaciones de materiales antivirales. A medio y largo plazo, su integración en aplicaciones comerciales podría consolidar una línea de innovación donde el plástico no solo actúe como barrera, sino como agente activo en la reducción de riesgos biológicos, con implicaciones directas para sectores como el packaging, la sanidad o la electrónica de consumo.