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RECICLADOS

Clasificación avanzada, demanda de PCR y ecodiseño

Desafíos del reciclaje de envases plásticos flexibles

Redacción P&C

2 de junio de 2026


Los envases plásticos flexibles se han consolidado como una solución clave para la industria por su ligereza, coste competitivo y capacidad para proteger productos, alargar la vida útil de los alimentos y reducir material en aplicaciones logísticas y de consumo. Sin embargo, esas mismas ventajas explican buena parte del problema al final de su vida útil: son ligeros, diversos, técnicamente complejos y, en muchos casos, de bajo valor para los gestores de residuos. 

El informe The Challenges and Solutions for Flexible Plastic Packaging Waste, elaborado por la Alliance to End Plastic Waste con foco en Europa, Estados Unidos y Canadá, subraya que la circularidad de estos materiales no depende de una única tecnología, sino de la coordinación de toda la cadena de valor. La organización recuerda que los envases flexibles incluyen films, envoltorios, bolsas, sachets, etiquetas y estructuras multicapa que pueden combinar PE, PP, PET, PA, EVOH, tintas, adhesivos y recubrimientos barrera, incluido aluminio. Esa variedad permite adaptar el envase a prestaciones muy concretas, desde barreras al oxígeno o la humedad hasta resistencia a la punción. Pero también complica la clasificación y el reciclaje. 

El informe advierte de que no basta con separar categorías amplias como “film de LDPE” o “film de PP”: para obtener material reciclado apto para nuevas aplicaciones de film es necesario controlar con precisión polímeros, impurezas, aditivos y requisitos de calidad del producto final. La ligereza añade otra dificultad industrial. Los films pueden atascar equipos, adherirse a otros residuos o mezclarse con papel y cartón, especialmente cuando hay humedad. Esto reduce el incentivo económico para recogerlos y procesarlos, ya que el coste de captación y tratamiento suele ser elevado frente al valor del material recuperado. 

En paralelo, la producción de film exige materias primas muy homogéneas. En aplicaciones de alta exigencia, defectos mínimos en el polímero reciclado pueden provocar pérdidas de calidad o paradas de línea. Según la Alliance, el reciclaje de flexibles se limita hoy en gran medida a salidas de menor valor, como madera plástica, materiales de construcción, bolsas de basura o cubos. Para avanzar hacia usos de mayor valor, incluida la fabricación de nuevos envases flexibles, será necesario combinar reciclaje mecánico, disolución y reciclaje químico según la calidad del residuo disponible y las exigencias del mercado final. 

El reciclaje mecánico resulta más adecuado para flujos limpios y homogéneos; la disolución puede aportar mayor descontaminación, y el reciclaje químico ofrece una vía para materiales más complejos o aplicaciones exigentes, como el contacto alimentario, aunque con mayor coste y todavía con incertidumbres regulatorias. Uno de los puntos centrales del documento es la necesidad de mejorar la recogida y la clasificación. Las corrientes poscomerciales de grandes empresas, como films de paletización o retráctiles de centros logísticos, pueden ofrecer materia prima limpia y relativamente homogénea. 

En cambio, los residuos posconsumo domésticos son la fracción más compleja por su diversidad de formatos, polímeros, impresiones y niveles de contaminación. Para estos flujos, la Alliance considera que las instalaciones municipales de recuperación de materiales pueden realizar una primera separación, pero no resolver por sí solas la granularidad necesaria. 

El informe plantea como alternativa el desarrollo de plantas de recuperación de plásticos, o PRF, capaces de agregar residuos plásticos procedentes de varias instalaciones municipales y operar a gran escala, idealmente con al menos 100.000 toneladas anuales. Estas plantas permitirían desplegar tecnologías avanzadas de clasificación, como marcas de agua digitales, reconocimiento mediante inteligencia artificial o sistemas ópticos más sofisticados. El documento también identifica varios habilitadores económicos y regulatorios. Entre ellos figuran la demanda estable de reciclado posconsumo, los objetivos de contenido reciclado, los sistemas de responsabilidad ampliada del productor, la eco-modulación de tasas, los acuerdos de suministro a largo plazo y políticas que reduzcan el riesgo inversor. Sin mercados finales de alto valor, señala el informe, no existe una base sólida para financiar nuevas capacidades de recogida, clasificación y reciclaje. 

El diseño para reciclabilidad aparece como otro factor decisivo. Directrices como CEFLEX, RecyClass en Europa o los protocolos APR en Estados Unidos ofrecen una base para simplificar estructuras, limitar materiales problemáticos y favorecer una convergencia industrial. No obstante, el informe advierte de que el diseño óptimo depende también de la tecnología de reciclaje prevista: lo que facilita el reciclaje mecánico no siempre coincide con lo más adecuado para el reciclaje químico.