COYUNTURA
Redacción P&C
28 de agosto de 2026
El Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea ha publicado un informe en el que concluye que el reciclaje químico de plásticos no alcanza la paridad de costes con el plástico virgen en la Unión Europea, y que esa diferencia no se cerrará ni a corto ni a medio plazo. El trabajo, encargado por la Dirección General de Mercado Interior e Industria (DG GROW), se centra en las dos rutas hoy predominantes, la pirólisis para poliolefinas y estirénicos y la solvólisis para polímeros de condensación, sobre todo PET.
Para la pirólisis, el modelo de costes del JRC sitúa la nafta obtenida por esta vía entre 1,5 y 3,5 veces por encima de la nafta virgen, lo que eleva el coste por tonelada de polímero reciclado a entre 1,4 y 3,7 veces el del virgen según los precios de los combustibles fósiles, con un escenario de referencia en torno a 3.000 euros por tonelada y una horquilla de 1.500 a más de 4.000. En solvólisis, los datos recibidos por el JRC arrojan costes totales de 2.150 ± 500 euros por tonelada de PET reciclado frente a precios de PET virgen de entre 1.000 y 1.100 euros en 2023 y 2024, un diferencial de 1,5 a 2,7 veces. El capítulo de costes concluye que los materiales reciclados químicamente "seguirán siendo entre 1,5 y 3,5 veces más caros que los polímeros vírgenes, al menos a corto y medio plazo".
El origen de la brecha está en los rendimientos. La pirólisis, un proceso de coproducción, convierte habitualmente en torno a un tercio del plástico de entrada en nuevo plástico o en químicos de alto valor, mientras otro tercio se destina a combustibles y el resto se pierde en calor y mermas, hasta el punto de que el informe sugiere que podría considerarse un proceso mixto de reciclado y valorización energética más que de reciclado propiamente dicho. La solvólisis alcanza rendimientos del 90 % y superiores, si bien compite por la misma materia prima que el reciclado mecánico de PET.
Metodológicamente, los autores descartan indicadores como la tasa interna de retorno por insuficiencia de datos y comparan costes unitarios de producción con precios de venta esperados, un enfoque próximo al precio mínimo de venta. El documento distingue tres perspectivas sobre la viabilidad, la competencia directa con el virgen, la prima verde voluntaria y la demanda obligatoria creada por la norma. La base de evidencia combina más de un centenar de documentos con las aportaciones de 24 organizaciones consultadas desde el otoño de 2024, entre ellas 17 operadores, cinco asociaciones, una ONG y una agencia gubernamental.
Aunque las obligaciones de contenido reciclado del PPWR y de la Directiva de plásticos de un solo uso generan una demanda del orden de un millón de toneladas anuales, el JRC advierte de que no debe darse por asegurada al margen de su coste, porque los envasadores disponen de vías alternativas de cumplimiento, del cambio de material al rediseño del producto o a asumir las sanciones. El propio informe añade que unas reglas estrictas de balance de masa podrían ampliar la brecha "hasta diez veces y más allá".
CHEMICAL RECYCLING EUROPE, que participó en la consulta, ha reaccionado a la publicación del informe y asume el diagnóstico de costes, si bien lo atribuye a "una industria joven, intensiva en capital y todavía en fase de escalado" que opera sin las décadas de optimización ni las infraestructuras amortizadas de la petroquímica. Confía en que la diferencia se estreche con el tamaño de planta y la eficiencia energética, y sostiene que las cifras actuales reflejan "una industria en fase temprana, no su potencial a largo plazo". Su primera exigencia regulatoria es precisamente la implantación de las reglas de balance de masa con metodología de exclusión de combustibles, que califica como el habilitador más urgente, seguida de medidas que orienten la demanda hacia material circular de origen europeo y de claridad sobre el régimen sancionador.
El informe llega mientras PLASTICS EUROPE contabiliza más de 8.000 millones de euros anunciados en 44 proyectos de reciclaje químico en trece países de la UE con horizonte 2030, frente a una capacidad instalada en Europa de unas 190 kilotoneladas a comienzos de 2026 . El propio JRC apunta que buena parte de esos operadores están hoy más pendientes de su supervivencia inmediata que de planificar inversiones a largo plazo, y que el debate sobre si la capacidad europea podrá abastecer las obligaciones del PPWR perdería sentido si la producción de plástico dentro de la UE deja de ser rentable.