El impacto del coronavirus preocupa a los recicladores de plástico más que las caídas de precios de las granzas vírgenes

PLASTURGIA SOSTENIBLE, 23-03-20

PLASTURGIA SOSTENIBLE, 23-03-20 | Los recicladores de termoplásticos han comenzado a preocuparse por una reducción de los volúmenes de residuos que ha comenzado a apreciarse en los sistemas de recolección, así como por otros perjuicios derivados de las medidas que se están adoptando en toda Europa para atajar la propagación de Covid-19.
 
Hasta principios de marzo, la comparación de los precios entre el material virgen y reciclado constituía el mayor foco de atención de los recicladores. Las granzas reprocesadas transparentes aptas para uso alimentario, tanto de PET, como de polietileno de alta densidad y de polipropileno, son actualmente más caras que las vírgenes.
 
Incluso la escama light blue de PET cuesta actualmente 80 €/Tm. que la resina virgen y el R-PP apenas es 10 €/Tm. más barato que el polipropileno homopolímero para inyección virgen.
 
Pero desde mediados de este mes las excepcionales medidas de contención del coronavirus han originado nuevas señales de alarma entre los recicladores.
 
La más inmediata preocupación reside en un descenso de los niveles de recolección de residuos. La reclusión de los ciudadanos en los hogares ha aumentado las ventas de envases de alimentos y de botellas de agua envasada, pero en Alemania, donde existe uno de sistemas de depósito, devolución y retorno más arraigado de Europa, temen que la gente no vaya con la misma frecuencia a devolver las botellas usadas en las máquinas expendedoras inversas que hay instaladas en los supermercados.
 
Si las medidas de aislamiento social y cuarentenas se prolongan es posible que las personas dejen de consumir agua embotellada y se decanten por beber la del grifo, lo que redundará en una reducción de residuos de PET.
 
Importantes gestores de residuos europeos ya han advertido que en las próximas semanas también bajará la recolección de residuos de polietileno y polipropileno.
 
Preocupa también el impacto que puede tener en la logística un posible cierre de fronteras. Desde 2015 las importaciones españolas de residuos y recortes de plásticos no han dejado de crecer, hasta alcanzar en 2019 las 157.426 Tms., un 13,7% más que en 2018 y un 87% más que tres años antes.
 
Hasta ahora, no se ha restringido el transporte de mercancías, pero la posibilidad de llevar material hacia y desde las plantas de reciclaje en las próximas semanas es incierta y decisiones como la que ha adoptado el Gobierno italiano de parar toda la producción, excepto la de actividades esenciales, ha generado mucha confusión.
 
La misma actividad de reciclaje puede bajar, debido a la escasez de personal que las bajas laborales pudiera ocasionar la extensión de la pandemia en un sector que está tejido por numerosas pequeñas empresas con plantillas muy reducidas.
 
Preocupan también las posibles pérdidas de demanda de productos reciclados que pudiera ocasionar el coronavirus en mercados distintos al del envase. En uno de ellos, el de automoción, ya se han anunciado cierres de fábricas, y en otro, el de muebles de exterior, es probable que las medidas de confinamiento acaben reduciendo la demanda.
 
Hay quien teme que debido al coronavirus se relajen los objetivos de sostenibilidad. Una menor disponibilidad y unos precios más altos de las resinas recicladas de uso alimentario, puede hacer que algunos propietarios de marcas de gran consumo vuelvan considerar el empleo de polímeros vírgenes.
 
Según ICIS, un reputado proveedor europeo de información de la industria química, la capacidad de producción de granza de PET de uso alimentario de PET es de 300.000 Tms./año y la de regranceado de polietileno de alta densidad también de uso alimentario asciende a 100.000 Tms./año.
 
Ante tan limitada oferta, la inversión en nuevas tecnologías, nuevos sistemas de recolección, en reciclaje químico y en ampliar la capacidad de reciclado mecánico es crucial para cumplir los objetivos marcados en 2025. Sin embargo, estas inversiones pueden resentirse si, como parece, la economía europea entre en recisión.
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