ENVASES Y EMBALAJES
Redacción P&C
23 de julio de 2026
La aprobación tecnológica concedida por RECYCLASS reconoce que las etiquetas inteligentes RFID CleanFlake de AVERY DENNISON resultan compatibles con los procesos de reciclado mecánico de botellas de PET en Europa, lo que habilita su uso en botellas y frascos destinados a ese circuito. El dictamen llega sobre una categoría de etiquetado que, por su propia naturaleza, incorpora elementos ajenos al polímero y que hasta ahora venía siendo observada con cautela por la industria recicladora.
La solución combina el adhesivo CleanFlake con una estructura de etiqueta y una incrustación RFID pendientes de patente, de modo que el comportamiento del conjunto se resuelve durante el tratamiento del material. Cuando el PET molido entra en la fase de procesado y lavado, el adhesivo especial separa la etiqueta del envase y limita así la contaminación de las escamas tanto por residuos adhesivos como por los componentes metálicos que integran la etiqueta.
Según el fabricante, esta es la primera solución RFID reconocida tanto por RECYCLASS como por la Asociación Estadounidense de Recicladores de Plástico (APR), un doble reconocimiento que cubre los dos esquemas de evaluación de reciclabilidad que sirven de referencia a ambos lados del Atlántico. Para un envasador que opere en mercados europeos y norteamericanos, esa coincidencia evita tener que gestionar dos itinerarios de validación distintos para la misma decisión de etiquetado.
La certificación de RECYCLASS se refiere únicamente a la compatibilidad de la tecnología de etiquetado con el proceso de reciclaje, y lo hace en las configuraciones y bajo las condiciones especificadas en las pruebas realizadas. No certifica de forma automática la reciclabilidad del envase completo, que debe evaluarse caso por caso atendiendo a las características del recipiente, el cierre, la etiqueta, las tintas y el resto de componentes. La distinción no es menor para quien diseña envases, porque un componente validado no arrastra consigo la validación del conjunto y la responsabilidad del diseño final sigue recayendo en el envasador.
El punto crítico que aborda esta tecnología es conocido en las plantas de reciclado, donde la presencia de metal en la corriente de escamas de PET degrada la calidad del material recuperado y obliga a extremar los sistemas de separación. Una antena RFID adherida al envase introduce precisamente ese riesgo, de manera que la viabilidad industrial del envase inteligente depende menos de las prestaciones del chip que de la capacidad del adhesivo para liberar la etiqueta antes de que el metal viaje con el polímero.
La aprobación abre, por tanto, una vía para que la trazabilidad por radiofrecuencia se incorpore a envases de PET sin penalizar el valor del material recuperado, aunque su efecto real sobre el mercado dependerá de la velocidad a la que marcas y envasadores trasladen esta validación a sus especificaciones de producto y de si el sobrecoste de una etiqueta inteligente encuentra justificación fuera de los segmentos de mayor valor añadido.